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17 de julio de 1846:primer anuncio del los baños de ola en “La Gaceta de Madrid”

 

Cuentan que a mediados del siglo XIX una epidemia de cólera en las cercanías de la costa vasca hizo desplazarse a Santander a los turistas que buscaban los beneficios terapéuticos del Cantábrico. Los médicos empezaron a recetar los primeros ‘baños de ola’; unos ejercicios que combatían el asma, la depresión o problemas circulatorios, con unas estrictas normas de aplicación, y que trajeron a las playas del litoral cantábrico a los primeros veraneantes.

En aquella época, el Sardinero era un territorio salvaje y en manos de la naturaleza. Además, el clima suave y poco soleado de la zona resultaban muy cómodos para disfrutar plenamente los “baños de ola”. Hay que recordar que para los cánones de belleza de la época, era más hermosa la palidez que estar morenos, ya que se asociaba esta última situación con las clases humildes y trabajadoras en el campo y otras tareas al aire libre. ¡Cómo ha cambiado todo!

Animados por el nuevo recurso turístico de los “baños de ola”, la corporación municipal publicó el 17 de julio de 1846 un anuncio en “La Gaceta de Madrid” que logró con mucho éxito atraer veraneantes a la ciudad, como zona apropiada para los baños. Esa fecha es la que sirve de referencia para organizar la fiesta de cada año (desde hace 24 que se celebra esta efemérides).

Tal como indica el anuncio, a partir de esa fecha ya existían unas mínimas infraestructuras en las playas para facilitar el baño: edificios con vestuarios, baños, aseos, casetas de lona que se acercaban hasta la misma orilla, etc., que irían ampliándose y modernizándose con el paso de los años. Como vestigios de aquella época, nos quedan los Balnearios del Sardinero, de la Concha, de la Magdalena, e incluso algunos aún recordamos haber conocido en pie el viejo “Balneario de Castañeda” en la segunda playa del Sardinero.

Santander, ciudad de veraneo real

La propia reina Isabel II fue la primera reina que vendría a Santander para bañarse en las aguas del Sardinero, allá por 1861, con toda la familia real durante 6 semanas. Está claro que les gustó, y ya en 1862 el ayuntamiento de Santander les donó la finca llamada “La Alfonsina”, que ocupaba gran parte del Sardinero, y que salvo un paréntesis en que fue incautada por la Junta Revolucionaria de 1868, logró convertir El Sardinero en estación regia, es decir, en sede del veraneo real.

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